Pingüino emperador:

 

Los pingüinos son animales muy fieles. Cada año, cuando vuelven de su zona de reproducción buscan a la misma pareja que el año anterior para aparearse y solo en el caso de no encontrarla (normalmente por fallecimiento), busca a otra. La hembra pone un huevo en pleno invierno antártico y vuelve al mar para alimentarse. El padre se hace cargo de él, protegiéndolo con sus patas, abdomen y plumaje para darle calor. Se entrega tanto por su cría, que durante dos meses no se mueve ni come para no exponer al huevo a las crudas condiciones del ambiente. Cuando nace el polluelo, llega la madre y hacen el relevo pero si la madre se retrasa, el padre la alimenta con su propia carne con tal de mantenerla viva, con una secreción blanca que tiene en su estómago vacío.

 

Caballito de mar:

 

Esta es, sin duda, una de las especies más curiosa de todas ya que es el macho quien queda embarazado y da a luz hasta 400 caballitos de mar, también conocidos como hipocampos. En el apareamiento, la hembra deposita sus huevos dentro del cuerpo de su pareja para que luego sea el padre quien los fertilice y los cargue hasta el momento del nacimiento. Durante 45 días, el macho luce una abultada barriga hasta que empiezan las contracciones y da a luz.

 

 

Zorro rojo:

 

Es un padre protector que vigila, alimenta y enseña sus hijos hasta que tienen la edad suficiente para valerse por sí mismos. Durante meses, llega todos los días a la guarida donde está la madre y las crías con comida fresca. Con el paso del tiempo, deja de consentirlas tanto y les empieza a obligar a cazar sus propios animales e incluso entierra algunas presas cerca del lugar donde duermen para que los cachorros olfateen y empiecen a desarrollar los instintos de depredadores.

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